Un día mas amanece en Castro Urdiales, eso en el caso de que los vecinos hayan podido dormir. Desde primera hora de la mañana los traumatizantes ruidos de excavadoras, taladros y demás aparatos comienzan a martillar el tímpano de muchos castreños. ¿De quién es la culpa? No hace falta más que ver la decadente trayectoria de Castro en los últimos años. Contínuamente se está construyendo sin una planificación previa, dejando a un lado necesidades básicas de la población como las zonas verdes, haciendo que la ciudad parezca un complejo turístico al estilo Marina D'or. Y es que la construcción se ha convertido en el más rentable de los negocios que se han conocido en Castro. Un negocio, que además ha permitido dejar impunes a los culpables de esta barbarie urbanística en la que se ha convertido nuestra ciudad. Y me niego a pensar que mi pueblo marinero haya renunciado a la belleza de sus calles de éste modo. Me niego a pensar que el futuro de castro pueda haber sido decidido por cuatro especuladores que se han llenado los bolsillos a costa de tod@s nosotr@s y nos han condenado a vivir en un pueblo que día tras día pierde su identidad en favor de la identidad única: la identidad de la construcción (o destrucción, según se mire) y la impunidad de los culpables.
Y por si fuera poco, ahora tengo que levantarme y vivir en una ciudad llena de obras sin sentido. ¿Están por encima las infraestructuras que la salud y el bienestar de los ciudadanos? Quizá, es que ahora que no es tan rentable como antes la construcción de apartamentos, necesitan calmar sus ansias de cemento levantando las calles en muchas ocasiones sin sentido alguno. Para ver esto, basta con echar una ojeada a casos de construcción fraudulenta, teniendo bien reciente el "caso Urdicam", el cual culpa a dicha empresa de la construcción del Edificio Boulevard (tras el parking comprendido entre el C.P. Arturo Duo y Pol. Pachi Torre) encima de una zona de dominio público por la cual discurría un arroyo natural. Construcciones de este tipo no solo evidencian el desinterés por los terrenos naturales públicos sino que plasman con claridad el interés por encima de todo del beneficio económico. Queda claro que los únicos perjudicados por el caso Urdicam, son los vecinos de los edificios colindantes, quienes no tuvieron el acceso común a sus viviendas durante las primeras semanas de la construcción del bloque, teniendo así que acceder a ellas por un improvisado camino de barro y posteriormente por unas escaleras inacabadas, actualmente concluidas.
Muchos vecinos están ya martirizados. No es de extrañar, y más sabiendo que no nos toman en cuenta ni siquiera para arreglar nuestras calles. No es necesario explicar la cantidad de problemas de salud que puede acarrear la falta de sueño, o simplemente el estrés que pueden generar los ruidos de las obras, que se clavan en nuestros cerebros al momento. No es ni uno, ni dos, son varios los vecinos de esta ciudad que están hartos de vivir día tras día con ese escándalo, además de los malos accesos a sus propias casas (calles cortadas, suelos levantados, tramos de acera vallados...). No digo con esto que no haya que hacer obras, porque está claro que en ocasiones hay que hacerlas, pero habría que buscar la manera de que nadie saliese perjudicado, unos horarios más humanos quizá, además de ser un poco mas ordenados y no montar esos auténticos laberintos en plena calle. Porque además estas obras no duran dos o tres días, sino que van para largo y además no se sabe por qué extraña razón se repiten cada poco tiempo en un mismo sitio.
Y es que Castro se ha convertido en la capital de las obras, los ruidos, la CORRUPCIÓN, la ESPECULACIÓN... y lo que es peor, la IMPUNIDAD.
Y por si fuera poco, ahora tengo que levantarme y vivir en una ciudad llena de obras sin sentido. ¿Están por encima las infraestructuras que la salud y el bienestar de los ciudadanos? Quizá, es que ahora que no es tan rentable como antes la construcción de apartamentos, necesitan calmar sus ansias de cemento levantando las calles en muchas ocasiones sin sentido alguno. Para ver esto, basta con echar una ojeada a casos de construcción fraudulenta, teniendo bien reciente el "caso Urdicam", el cual culpa a dicha empresa de la construcción del Edificio Boulevard (tras el parking comprendido entre el C.P. Arturo Duo y Pol. Pachi Torre) encima de una zona de dominio público por la cual discurría un arroyo natural. Construcciones de este tipo no solo evidencian el desinterés por los terrenos naturales públicos sino que plasman con claridad el interés por encima de todo del beneficio económico. Queda claro que los únicos perjudicados por el caso Urdicam, son los vecinos de los edificios colindantes, quienes no tuvieron el acceso común a sus viviendas durante las primeras semanas de la construcción del bloque, teniendo así que acceder a ellas por un improvisado camino de barro y posteriormente por unas escaleras inacabadas, actualmente concluidas.
Muchos vecinos están ya martirizados. No es de extrañar, y más sabiendo que no nos toman en cuenta ni siquiera para arreglar nuestras calles. No es necesario explicar la cantidad de problemas de salud que puede acarrear la falta de sueño, o simplemente el estrés que pueden generar los ruidos de las obras, que se clavan en nuestros cerebros al momento. No es ni uno, ni dos, son varios los vecinos de esta ciudad que están hartos de vivir día tras día con ese escándalo, además de los malos accesos a sus propias casas (calles cortadas, suelos levantados, tramos de acera vallados...). No digo con esto que no haya que hacer obras, porque está claro que en ocasiones hay que hacerlas, pero habría que buscar la manera de que nadie saliese perjudicado, unos horarios más humanos quizá, además de ser un poco mas ordenados y no montar esos auténticos laberintos en plena calle. Porque además estas obras no duran dos o tres días, sino que van para largo y además no se sabe por qué extraña razón se repiten cada poco tiempo en un mismo sitio.
Y es que Castro se ha convertido en la capital de las obras, los ruidos, la CORRUPCIÓN, la ESPECULACIÓN... y lo que es peor, la IMPUNIDAD.



